Nuevos paradigmas y modernización en el sector energético

Los avances tecnológicos y los desafíos del cambio climático modificaron profundamente el rumbo de las empresas de servicios públicos en los últimos 30 años. Desde las reformas regulatorias que tuvieron lugar en los años 90 en numerosos países del mundo, se ha gestado una transformación completa del sector, caracterizada por la privatización de una gran cantidad de empresas de servicios públicos.

Hasta ese momento, el sector energético operaba bajo una estructura lineal que se extendía desde la extracción de petróleo y gas, junto a la generación eléctrica, abarcando la transmisión, la distribución, la comercialización y, finalmente, su consumo. Con un consumidor pasivo, este sistema se basaba en monopolios naturales, donde un ente regulador debía únicamente asegurar las mismas condiciones para todos los agentes del mercado.

Desde entonces, surgieron nuevos paradigmas que volvieron todo más flexible y dinámico. Es aquí cuando aparece la figura del prosumidor, donde el usuario adquiere un rol más activo, permitiéndole consumir y producir al mismo tiempo. Los flujos de energía se vuelven bidireccionales, lo que implica la posibilidad de cambios de sentido, dando lugar a un nuevo desafío de proporciones considerables para los reguladores.

Uno de los hitos de la mencionada transformación, fue el proceso de privatización de servicios que eran considerados ineficientes por parte del Estado, el cual permitió poner en práctica la competencia a nivel mayorista, donde los agentes comenzaron a competir libremente en el mercado de generación. Esto derivó en una mayor calidad y disponibilidad de los servicios, así como la incorporación de incentivos destinados a fomentar la innovación en las empresas.

Sin embargo, no fue solamente la implementación de las nuevas políticas públicas las que modificaron el esquema tradicional del sector. El fenómeno del cambio climático adquirió gran relevancia en el último tiempo y fue el principal impulsor de la transición energética. “La emisión de gases de efecto invernadero provocó sequías y huracanes, entre otros fenómenos climáticos extremos, que pusieron en peligro la vida de diversas especies, incluso la raza humana”, explicó Fernando Damonte, director de Quantum America. 

Entonces, tomó relevancia el concepto de trilema energético, el cual plantea la necesidad de sustentabilidad, equidad energética y seguridad. También aparece el concepto de resiliencia, entendida como la capacidad de resistir y superar dificultades, así como de aprender y crecer a partir de las experiencias adversas. Esto se debe a que, si ocurriera un evento extremo, el sistema energético tiene que estar preparado para recuperarse rápidamente.

En paralelo, surgieron nuevas fuentes de energía como el hidrógeno, el cual Damonte considera “el combustible del futuro”. Éste trajo consigo innumerables ventajas, tales como la sustitución de combustibles fósiles y su capacidad de almacenar energía renovable, para posteriormente ser consumida en otro momento y/o lugar. 

La irrupción de nuevas tecnologías contribuyó a modificar la estructura lineal del sector energético, permitiendo el desarrollo de energías renovables no convencionales como la generación eólica, solar, con biomasa y el almacenamiento en baterías. “En un futuro muy próximo, un usuario podrá generar hidrógeno o energía en su vivienda y venderla al vecino del frente”, sostiene. 

Al respecto, hace hincapié en el cambio del rol del distribuidor, el cual antes vendía un servicio “empaquetado”, y en la actualidad debe actuar como un medio para el intercambio entre los agentes y un prestador de una gran cantidad de servicios complementarios, muchos de los cuales aún no hemos imaginado.

No puede dejar de mencionarse la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y su incorporación a la prestación de los servicios públicos, la cual trajo consigo grandes beneficios. No sólo su capacidad de automatizar procesos manuales y repetitivos, sino también la posibilidad de manejar grandes volúmenes en tiempo real y prevenir comportamientos fraudulentos por parte de los clientes.

No obstante, son numerosos los riesgos que la IA trae aparejados: potenciales ataques de ciberterrorismo, la falta de privacidad de la información, la dependencia tecnológica, la pérdida de empleo y la posibilidad de que cometa errores sesgados en caso de no ser entrenada correctamente.

Desafíos para los futuros reguladores

Los continuos cambios exigen que los distribuidores se conviertan en facilitadores del intercambio entre agentes, adoptando un enfoque visionario, proactivo y adaptable a las circunstancias.

Según Damonte, es fundamental que se establezcan nuevas reglas que fomenten la creatividad, la innovación y la aparición de nuevos servicios. “Estoy completamente convencido de que se necesita una nueva regulación. El sector de los servicios públicos debe desempeñar un papel protagonista, ya que su contribución es esencial en la transición energética“, concluye.

Profesionales Involucrados

Contacto